En Salinas de Fuencaliente (La Palma, España) se extrae una sal que está cosechando éxitos más allá de las Islas Canarias (suroeste de España). Se trata de un producto ecológico, sin química, sin procesos que modifiquen su contenido, que se exporta principalmente al mercado alemán.
La venta se refiere, sobre todo, a un producto exclusivo como la flor de sal, del que se venden unas dos toneladas en Alemania, de las cuatro que se producen cada año, según la compañía.
Este producto novedoso, que se vende como si fuera una delicia entre los turistas, se ha convertido en una actividad que ha permitido mejorar la rentabilidad de la explotación, que cuenta con una extensión de 32.790 metros cuadrados.
La sal de estas salinas se considera como un producto de alta calidad gastronómica, vinculado a la tradición y al medio patrimonial y natural de la Isla. Su precio, unos 20 céntimos el kilo, dobla el de otras sales, debido a que se trata de una sal con mayores costes de producción y basado en un modelo de explotación sostenible.
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