
El proceso permite que la gran mayoría de las células continúe viva al cabo de una semana, lo que permitiría usar los chips como sensores bioquímicos intracelulares. También han demostrado que se pueden mecanizar estructuras nanométricas sobre ellos. El estudio tiene importantes aplicaciones en el campo de la nanomedicina. Jaume Esteve y José Antonio Plaza, directores de la investigación, explican que “en un futuro cercano, estos chips permitirán la caracterización y cuantificación de mecanismos intracelulares en vivo, en tiempo real y a nivel de célula única”. El estudio de la célula es de gran importancia en medicina porque muchos procesos biológicos ocurren dentro de ellas y además difieren de una a otra. Estos chips podrían llegar a integrar componentes mecánicos, ópticos o eléctricos que permitirán realizar estudios o actuaciones sin precedentes en el campo de la biología celular o la nanomedicina. Los chips creados están compuestos de silicio y se fabrican mediante técnicas de microelectrónica. En el trabajo han participado investigadores de tres institutos del CSIC: El Instituto de Microelectrónica de Barcelona, el Centro de Investigaciones Biológicas y el Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona.
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